No hay pereza en su apertura: es clara y directa.
- Su salida, fresca y verde de golpe: toronja rosa que despierta como agua fría en la cara y hojas verdes recién cortadas de un jardín que alguien acaba de regar.
- Su corazón: la fruta gana terreno. El néctar de piña se lleva los aplausos, acompañado de pétalos de rosa y peonía. Fresco pero con carácter, nunca ingenuo.
- Su fondo: el cedro sostiene una calidez seca y elegante que le da estructura de madera a todo. Como si el bosque reclamara lo que la fruta le había quitado por un rato.
Silvestre no termina de decidir si es fruta o bosque. Es la libertad de quien crece a su propio ritmo, sin apurar la temporada.