Clementine no llega discreta. Tiene energía real y luz de día brillante, como el sol entrando por una ventana que alguien olvidó cerrar.
- Su salida, mandarina pura, como el primer sorbo de algo frío en un día caluroso. No es un cítrico tímido; es una explosión de jugo y sol que se siente en la piel antes de pensarlo. Puro cítrico al principio, hasta que algo floral empieza a asomarse por debajo, casi sin avisar.
- Su corazón: neroli y jazmín. El jazmín da densidad floral y el neroli aporta una frescura cítrica que no lo deja volverse empalagoso.
- Su fondo se mantiene suave: el almizcle aporta calidez. El rastro de alguien que acaba de reír fuerte y todavía trae esa energía en la piel.
Energía cítrica. Un verano que no se apaga.